He tenido la oportunidad de viajar y trabajar en unos cuantos países, en cuatro continentes, en los que me he relacionado con personas de diferentes razas, que hablaban diferentes lenguas, que profesaban diferentes religiones, con diferentes clases sociales, y variadas experiencias.

He comprobado, a  lo largo de los años y los viajes, que el respeto es la base de la convivencia y que la cooperación entre las personas hace que los objetivos mutuos se alcancen. La cooperación hace crecer y dignifica al ser humano por el contacto con sus semejantes, debido a que al centrase en aquello que nos une, que, por supuesto, es mucho más que lo que nos separa, podremos tener la oportunidad de poner en común de manera respetuosa y sincera diversas ideas (que no sólo proceden de lo estudiado, sino también de la experiencia vital de cada persona), diversos valores (posiblemente interpretados de manera un poco diferente según las circunstancias en donde la persona se haya desenvuelto), sentimientos, etc., y de todo ello obtener el mejor resultado posible, el que se procede del consenso, del respeto y sobre todo, de la voluntad de llevar a cabo un proyecto común para toda la comunidad, para toda la Humanidad.

Siempre el respeto, la humildad y la empatía han presidido las relaciones con las personas a las que tuve el placer de conocer y puedo decir que he sido bien acogido, he compartido trabajos y múltiples experiencias (unas más alegres y otras un poco más difíciles) en las que he podido ayudar en la medida de mis posibilidades y, por supuesto, he hecho grandes amistades.

Independientemente de esas situaciones personales, lengua, raza, credo, situación del país, he comprobado que la preocupación por la sostenibilidad, el tener un trabajo digno, el poder darles una educación a sus hijos e hijas y el futuro que les aguarda ha sido una constante común en todos los casos. ¿Qué otra cosa desearían un padre o una madre para su familia y sus descendientes?. Se trata del bienestar actual y futuro, y en ese punto todos coincidimos.

Y cuando hablamos del bienestar actual y futuro, nos estamos refiriendo también a la sostenibilidad, ya que tanto ella como los actualmente conocidos (pero no suficientemente implantados y alcanzados) Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son metas que tienen como objetivo la mejora global del ser humano y el planeta. Son el mínimo imprescindible que necesitamos para garantizar un mundo más seguro, justo y sostenible

Los 17 ODS hablan de la pobreza, la educación, de salud y bienestar, de la igualdad de género, agua limpia y saneamiento, trabajo digno, ecosistemas, etc. Incluso el objetivo último, el 17, habla de alianzas para lograrlos, y estas alianzas en forma de colaboraciones, son fundamentales para mejorar la sociedad, y sin dejar a nadie atrás. La colaboración entre los seres humanos en estos y otros aspectos es fundamental para poder alcanzar las metas que se han marcado. Nadie, sea una persona, una ciudad o un país, puede avanzar de manera sostenible por sí solo, ni alcanzar los objetivos (cualquier objetivo) de desarrollo propuestos. Necesitamos la colaboración de nuestros semejantes para llegar a cumplir los propósitos que hayamos definido como óptimos.

Y es esa colaboración, leal y sincera, la que hace necesario que debamos ir todos a una misma velocidad y no dejar a nadie olvidado en el camino. No puede haber dos (o tres,..) tipos de seres humanos; los hijos del Padre somos uno en Él. Si Él no hace distinciones, ¿por qué nosotros las hacemos? ¿Por qué permitimos que el mundo vaya a dos (o más velocidades)?. Primer mundo, segundo mundo, tercer mundo……¿es que el Señor nos creó así?. O somos nosotros los que, a lo largo de nuestra Historia nos hemos encargado de hacer, provocar estas diferencias, basadas en la falta de respeto y amor al prójimo, y en ellas continuamos insistiendo, para que unos pocos vivan con todo lujo de comodidades a costa del sacrificio de la mayoría?.

Si estamos hablando de sostenibilidad y hacemos una prospección, los datos nos muestran que  seremos alrededor de 10.000 millones de personas en 2050; y si las tasas de pobreza siguen como hasta ahora, eso podría significar que unos 1.000 millones de personas, un 10% de la población mundial total, vivirían por debajo del umbral de la pobreza. Si hacemos una proyección de las personas sin abastecimiento de agua o saneamiento, las cifras anteriores se podrían multiplicar por 5 fácilmente.

¿Es este el futuro que deseamos para el planeta?. ¿Qué tipo de vida les espera a nuestros hijos e hijas, o peor aún, a nuestros nietos o nietas?. Sinceramente, no me atrevo a decirlo, pero seguro que los que estamos leyendo esto, no somos capaces de imaginar la vida en 2100 y posteriores…las plagas de Egipto podrían ser una broma en comparación con lo que le espera a esa generación que sobrepase el 2100, sino ponemos remedio desde ahora mismo.

Y digo desde ahora mismo porque la ONU denominó a la década que comenzó este 2020 como la “Década de la Acción”, ya que desde 2015 en que se constituyeron los ODS y hasta esa fecha, los avances en la consecución de los 17 ODS han sido lentos e insuficientes. Y con la pandemia provocada por la COVID-19 muchos logros han quedado atrás. Estamos obligados a recuperar, por tanto, el tiempo perdido y acelerar en nuestra marcha para conseguir alcanzar esos objetivos marcados para 2030. De todas formas, la pregunta no es ya si llegaremos a 2030 con los objetivos alcanzados sino si nos habrá faltado poco o mucho para alcanzarlos…y las consecuencias que entonces deberemos afrontar.

La Encíclica “Laudato si” del Papa Francisco nos habla de ello y anima a trabajar de manera comprometida, colaborativa y poniendo el foco en la ayuda al semejante….y eso también significa que no podemos dejar a nadie atrás en este camino que tenemos por delante.

De la misma manera que se entiende la parte del medio ambiente, la sostenibilidad, como material, como terrenal, ya que es el entorno en el que se desenvuelven los seres humanos, hay otra parte importante (ya que no sólo de pan vive el hombre…) que consiste en las inquietudes y manifestaciones artísticas y culturales que atañe a nuestra conciencia, es la parte del espíritu, la parte más divina del ser humano. Es la parte que nos eleva por encima de nosotros hasta crear estados de conciencia elevados e íntimos.

La cooperación en materia de cultura, evidentemente, tiene los mismos principios que cuando hablábamos de la sostenibilidad, en esta cooperación se producen beneficios tan diversos como el diálogo intercultural, el desarrollo y la circulación de los bienes (las obras creadas) y los servicios culturales, por poner algunos ejemplos.

Hemos visto como manifestaciones artísticas, por ejemplo, orquestas sinfónicas formadas por personas de diferentes razas, credos y lenguas, se unen y trabajan de manera colaborativa para obtener un resultado, la música, de una belleza incomparable y que hace que quienes la escuchen puedan sustraerse momentáneamente de esta realidad y dejar que el espíritu alcance cotas y niveles de conciencia superiores.

La música, el arte, etc. son otras formas de manifestaciones que, como decía antes, hacen que, a veces, trascendamos nuestra realidad y nos sintamos más libres y parte de un universo divino que nos acoge y nos estimula.

Pero no pensemos únicamente, si hablamos de la cultura y el arte, en una sola obra o pieza musical, con todo lo maravillosa e inspiradora que pueda llegar a ser; ampliemos las posibilidades de cooperación y pensemos en las interacciones entre habitantes de una población para llevar a cabo proyectos culturales que beneficien a los habitantes de los diferentes barrios y entornos de la población.

Los beneficios de esta colaboración podrían ser el desarrollo de servicios culturales en función de las necesidades expresadas, mayor conocimiento entre los participantes, mayor cohesión social, y, por supuesto, mayor participación en las actividades programadas.

También he visto como la cooperación de personas de diferentes países ha llevado a cabo las restauraciones de determinados monumentos en países que por sus propios medios (financieros, técnicos, etc.) no podían llevarlas a cabo. He visto a jóvenes y mayores ilusionados a la hora de restaurar un monumento, cada uno aportando lo que desde su experiencia podía, y la alegría y satisfacción obtenida no solo durante la fase de restauración, sino, y más engrandecida, a la hora de finalizar con éxito el proyecto.

El ser humano, en esencia, no es tan diferente, al contrario. En esa voluntad, experiencia y trabajo puestos al servicio de la cooperación; en esas vivencias, ilusiones y esperanzas que llevan a culminar la obra u objetivo propuesto, es donde uno se da cuenta de que todos somos hermanos y que pensamos, en lo esencial, de manera muy parecida.

Y es por ello que la cooperación pone en valor lo mejor que cada persona tiene y está dispuesta a ofrecer para ayudar a sus semejantes. Y la gran noticia, el gran descubrimiento cuando empiezas a practicarla…. es que con la cooperación uno suele recibir más de lo que da. Cooperar es darte a los demás y al mismo tiempo que les ayudas, también te ayudas a ti y creces como persona.

Cuando de manera sincera y desinteresada te pones al servicio de los demás, los beneficios personales “intangibles” y satisfacciones que obtienes con ello superan en gran medida a tus aportaciones. Es el “secreto” de la cooperación.

 

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Fernando Novo Lens

Licenciado en Farmacia y Master en Gestión Ambiental y Auditorías.

Presidente de la Asociación Cultural Hispano-Argelina “Miguel de Cervantes”

En sus más de 25 años de experiencia trabajando en el campo de la gestión del agua y el medio ambiente ha vivido y desarrollado proyectos en 4 continentes; desempeñando su labor en varios países, desde China a México y desde Haití a Argelia.

Este trabajo en países tan distantes y diferentes, pero con ilusiones y objetivos parecidos en cuanto a su futuro, le han llevado a interesarse de manera muy especial acerca de la situación de la gestión del agua y la sostenibilidad y economía circular, en general.  Lo cual ha motivado que, a nivel personal, colabore con diferentes medios de comunicación, para difundir diferentes temas relacionados con la sostenibilidad y el desarrollo futuro de las personas y el planeta.

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